Por Maha Al Bikawi, maestra del PEP en el Aqaba International School, Áqaba (Jordania)
El Aqaba International School es un colegio solicitante* para impartir el PEP y desea obtener la autorización para ser un Colegio del Mundo del IB. Estos son colegios que comparten una filosofía común: un compromiso con una educación internacional rigurosa y de calidad que el Aqaba International School considera que es importante para su alumnado.
Cuando empecé a utilizar la narración de historias en matemáticas, no pretendía sustituir nada. Simplemente quería comprobar si ayudaría al alumnado a implicarse más profundamente en el aprendizaje. Lo que observé confirmó mi convicción en el aprendizaje auténtico de las matemáticas.
En la clase de primer grado usamos el cuento La sorpresa de Handa como parte de nuestra unidad de indagación de “Quiénes somos”. Estábamos explorando las relaciones y la amistad, pero muy pronto las matemáticas pasaron a formar parte de la historia. No eran un tema aparte, sino que surgían de manera natural.
Una historia abrió el camino a todo el alumnado
Lo primero que me llamó la atención fue cómo una historia puede ofrecer múltiples puntos de partida para el alumnado.
Algunos alumnos/as conectaron de inmediato con los personajes y las emociones; otros se centraron en la fruta, los animales o los cambios que se estaban produciendo. Una parte del alumnado comentaba lo que había observado, mientras que otra lo actuaba o lo dibujaba.
Esto fue muy importante porque permitió que todos, independientemente de su nivel de confianza en matemáticas, pudieran participar de una manera que les resultara adecuada. Nadie tuvo la sensación de quedarse atrás. La historia les ofreció la posibilidad de elegir y eso fortaleció su confianza.
La actividad redujo la ansiedad y despertó la curiosidad
Para algunos alumnos/as, las matemáticas pueden resultar intimidantes. Sin embargo, cuando el punto de partida es una historia, esa sensación comienza a desvanecerse.
En lugar de preocuparse por encontrar la respuesta correcta, el alumnado se centraba en ayudar a Handa y en resolver un problema. Ese cambio de enfoque, de la búsqueda del desempeño a la curiosidad, marcó una gran diferencia.
Observé que quienes normalmente se mostraban reticentes tenían mayor predisposición a participar y a compartir sus ideas, además de asumir riesgos, porque percibían el aprendizaje como algo seguro y con un propósito claro.
Las matemáticas tenían un objetivo claro
Uno de los cambios más importantes fue la sensación que transmitían las matemáticas.
No estábamos haciendo restas porque así figuraba en el plan, sino que planteábamos preguntas reales:
- ¿Cuántas frutas tenía Handa al principio?
- ¿Qué cambiaba cuando un animal se llevaba una?
- ¿Cuántas quedaban?
- ¿Habría suficiente para compartir?
Las matemáticas tenían un “porqué” y esto nos ayudó a comprender lo que estaba sucediendo en la historia.
Recuerdo con claridad un momento en particular. Mientras leíamos bajo los árboles, alguien comentó:
“La cesta pesa menos porque el mono se está llevando la fruta”.
Su observación surgió antes de que introdujéramos cualquier herramienta formal. Con solo seguir la historia, ya había comprendido la resta como una acción de “quitar”,
y esta comprensión conceptual temprana le proporcionó, al igual que al resto del alumnado, una base más sólida para trabajar posteriormente con representaciones más abstractas. El continuo de la asignatura de Matemáticas me ayudó a identificar en qué etapa de desarrollo se encontraba cada alumno/a, cómo podría ser el siguiente paso de aprendizaje y qué experiencias se necesitaban para avanzar. De ese modo, los materiales del Centro de Recursos para los Programas sirvieron de apoyo tanto para el aprendizaje del alumnado como para mi planificación como docente.
La representación de la historia hizo visible el aprendizaje
Cuando empezamos a representar la historia, todo se volvió más claro.
Los niños/as llevaban máscaras de animales y sacaban frutas de una cesta. De repente, la resta se convirtió en algo que podían ver y experimentar; ya no era algo abstracto.
El alumnado pasó de la escucha a la práctica. Al representar la historia, pusieron a prueba sus ideas, formularon predicciones y comprobaron su razonamiento. La historia, los materiales utilizados y el movimiento se convirtieron en herramientas que favorecieron la comprensión.

El pensamiento matemático surgió de forma natural
Lo que más me impresionó fue la naturalidad con la que surgió el pensamiento matemático.
El alumnado empezó a:
- Formular sus propias preguntas
- Predecir lo que podría ocurrir a continuación
- Hacer un seguimiento de los cambios en la cesta
- Utilizar palabras como “más”, “menos”, “en total” y “restantes”
No se limitaban a seguir la historia: la analizaban.
Parte del alumnado incluso planteaba preguntas más profundas, como si Handa tendría suficiente fruta para todos. Esto me demostró que estaban relacionando las matemáticas con el significado de lo que ocurría, y no simplemente repitiendo ideas.
Un cambio en la identidad y la confianza
Con el tiempo observé un verdadero cambio en la forma en que el alumnado se veía a sí mismo.
Ya no se limitaban a completar tareas, sino que resolvían problemas, formulaban preguntas y explicaban su razonamiento. Empezaron a verse a sí mismos como matemáticos/as.
Un alumno, que antes había evitado las matemáticas, se convirtió en uno de los participantes más activos. Comenzó a anticipar lo que podría ocurrir a continuación y a explicar con seguridad su razonamiento.
Ese cambio, de observador inseguro a pensador confiado, fue uno de los resultados más significativos para mí.
La importancia en el PEP
Este enfoque refleja lo que más valoro del PEP.
El aprendizaje fue:
- Integrado: conectó la alfabetización, el aprendizaje socioemocional y las matemáticas
- Basado en la indagación: fue impulsado por las preguntas del alumnado
- Significativo: estuvo arraigado en un contexto real
Las matemáticas no aparecieron como algo separado, sino que surgieron de manera natural a partir de la indagación. Además, ayudaron al alumnado a comprender tanto el mundo de la historia como el propio. Esta experiencia me llevó a pensar de forma más intencional en el potencial de las historias para favorecer la comprensión matemática en futuras unidades. También ha propiciado conversaciones con colegas acerca de cómo las historias, el juego y los contextos reales pueden ayudar al alumnado a desarrollar confianza antes de avanzar hacia representaciones matemáticas más formales.

Ideas clave
- Las historias crean oportunidades de acceso y favorecen el bienestar Ofrecen múltiples formas de participación, lo que permite que cada alumno/a encuentre su propio punto de partida, al tiempo que proporcionan un marco narrativo de apoyo para el desarrollo socioemocional.
- El contexto reduce la ansiedad
Al presentar las matemáticas como parte de una historia, la atención deja de centrarse en responder correctamente y se proyecta en la exploración de ideas. - Un propósito claro profundiza la comprensión
Cuando las matemáticas ayudan a resolver un problema real, el alumnado comprende el porqué de lo que está aprendiendo. - El aprendizaje activo hace visible el pensamiento
Las actividades de simulación, los materiales y los modelos visuales ayudan al alumnado a relacionar ideas abstractas con experiencias reales. - La indagación fomenta la confianza en las matemáticas
Cuando el alumnado formula preguntas y dirige el aprendizaje, adquiere un papel activo en su recorrido por las matemáticas y transforma la curiosidad en una comprensión profunda.
* Solo los colegios autorizados por la Organización del IB pueden ofrecer cualquiera de sus cuatro programas académicos: el Programa de la Escuela Primaria (PEP), el Programa de los Años Intermedios (PAI), el Programa del Diploma (PD) o el Programa de Orientación Profesional (POP). La categoría de colegio solicitante no garantiza que el colegio vaya a obtener la autorización. Para obtener más información sobre el IB y sus programas, visite www.ibo.org.
