El poder de preguntar: cómo las preguntas del alumnado dirigen el aprendizaje

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Ruhina MD, docente del PEP de segundo año, Fazlani L’Académie Globale de Bombay (India)

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Cada vez que a un alumno se le ilumina la mirada y pregunta “Pero ¿qué pasaría si...?”, siento que una energía especial invade la clase. En ese momento, cuando la curiosidad toma el mando, empieza el verdadero aprendizaje.

Las preguntas como aspecto central del aprendizaje

En nuestra clase de segundo año del PEP, las preguntas no solo son bienvenidas, sino esenciales. Despiertan la curiosidad, revelan nuevas perspectivas y orientan la indagación. Con el tiempo, me he dado cuenta de que la enseñanza no consiste en dar a los alumnos/as las respuestas correctas, sino en ayudarles a hacer mejores preguntas, más profundas. Ser testigo de este cambio ha sido transformador para mi alumnado y para mí como educadora.

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Convertir las ideas en preguntas

Empleamos rutinas de preguntas estructuradas para fomentar el pensamiento crítico y el razonamiento reflexivo. Una de nuestras rutinas favoritas es “El banquillo”, en la que un alumno/a se convierte en especialista y responde preguntas como las siguientes:

  • “¿Cómo lo resolviste?”
  • “¿Qué estrategia utilizaste?”

Este pequeño cambio transforma la resolución de problemas en una valiosa experiencia de aprendizaje entre pares.

En alfabetización, preguntas como “Si fueras el personaje principal, ¿que harías de manera diferente?” invitan al alumnado a explorar perspectivas, hacer predicciones y pensar con empatía, todo ello a través de la indagación.

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Del planteamiento de preguntas al conocimiento: profundizar la indagación

Al explorar los accidentes geográficos de la Tierra, empezamos con la rutina “Ver, pensar, preguntarse” para activar el pensamiento en torno al concepto de forma. Sus preguntas iniciales rápidamente fueron evolucionando cuando introdujimos la “Rutina del lápiz”, que consiste en guiar al alumnado para que convierta las ideas más generales en preguntas más directas y específicas.

Pero ¿cuál fue el verdadero punto de inflexión? La “Rutina del triángulo de preguntas”, en la que el alumnado clasifica las preguntas según su grado de profundidad: superficial, media o profunda. Antes de una sesión de colaboración con un colegio de Dubái, practicamos esta rutina para perfeccionar nuestras habilidades de formulación de preguntas. Una alumna transformó una pregunta superficial,

  • “¿Por qué se producen tormentas de arena con tanta frecuencia en Dubái?”, en otra pregunta más profunda,
  • “¿Son los nuevos rascacielos lo suficientemente fuertes para soportar las frecuentes tormentas de arena?”.

Este cambio demostró el poder del razonamiento dirigido por el alumnado, la comprensión conceptual y una creciente capacidad de indagación independiente.

¿Qué pasaría si...? La chispa que despierta la imaginación

A medida que fuimos desarrollando las indagaciones, los alumnos y alumnas abordaron preguntas hipotéticas audaces (“¿qué pasaría si...?”) que desafiaron los límites de la imaginación y el pensamiento sistémico:

  • “¿Qué pasaría si las montañas llegaran al espacio?”
  • “¿Qué pasaría si las ciudades flotaran en el agua?”

Estas preguntas abrieron nuevas vías para la creatividad, ampliaron el pensamiento y colmaron nuestro muro de dudas. A menudo el alumnado repasó sus preguntas para revisarlas o ampliarlas, lo que demostró responsabilidad y una curiosidad intelectual cada vez mayor.

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Mesas redondas: la indagación en acción

En nuestras mesas redondas, los alumnos/as diseñaron asentamientos futuros mediante el uso de conceptos especificados como perspectivas de pensamiento. Intercambiaron ideas, se hicieron preguntas mutuamente y proporcionaron comentarios sobre su aprendizaje actual y futuro. Un alumno preguntó:

“Me encanta que estas casas tengan paneles solares. ¿Qué pasaría si se incluyera también un huerto para cultivar alimentos y ayudar al medio ambiente?”

Cada opinión importaba. Cada idea inspiraba otra idea.

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Del trabajo dirigido por el personal docente al trabajo dirigido por el alumnado

Este cambio de rutinas dirigidas por docentes a una indagación dirigida por el alumnado ha sido sumamente gratificante. He visto el crecimiento de mis alumnos y alumnas, que han pasado de formular preguntas sencillas con “qué” a preguntas complejas con “por qué” y “cómo”. Cuestionan suposiciones, buscan aclaraciones y amplían conversaciones con naturalidad.

Reflexiones: la formulación de preguntas es aprendizaje

A través de este proceso, he aprendido a tomar algo de distancia y escuchar. Algunos de los momentos más valiosos surgieron de preguntas que jamás habría imaginado. En nuestra aula, la formulación de preguntas no solo es parte del aprendizaje, sino que es aprendizaje.

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Ideas clave

  • Fomentar la curiosidad: Brinde al alumnado la oportunidad de plantear preguntas antes de ofrecer respuestas.
  • Usar las rutinas de manera creativa: Pruebe el banquillo, el lápiz y el triángulo de preguntas como andamiaje para la indagación.
  • Celebrar la complejidad: Anime al alumnado a revisar y profundizar sus preguntas.
  • Potenciar la responsabilidad: Deje que sus alumnos/as lideren debates, diseñen soluciones y cuestionen sus diferentes ideas.
  • Escuche con atención: Las mejores preguntas a menudo surgen cuando uno menos se las espera.