Reid Saaris

Reid Saaris obtuvo el diploma del IB tras concluir sus estudios en el Interlake High School (Estados Unidos). Completó sus estudios de grado en la Universidad de Harvard y luego realizó un máster en Estudios Empresariales y Educación en la Universidad de Stanford. En la actualidad, es fundador y director ejecutivo de Equal Opportunity Schools y, junto con los distritos escolares de EE. UU., dirige un programa para incrementar el número de alumnos de color y de bajos ingresos que se matriculan en programas de estudios avanzados rigurosos —incluido el Programa del Diploma (DP) del IB— y logran completarlos con éxito.

Reid Saaris

¿Cuál fue su motivación inicial para cursar el Programa del Diploma del IB?

 En todos mis años de formación, fue al cursar el Programa del Diploma cuando aprendí a pensar como académico.

Mi madre era asesora vocacional en colegios públicos y me orientó en la dirección correcta (esto es, para que cursara el Programa del Diploma y lo completara). Lamentablemente, mi mejor amigo Jamie tenía las mismas capacidades que yo, pero no se le ofreció la oportunidad de estudiar los programas del IB. Su madre nunca cursó estudios secundarios, y como madre soltera a cargo de cinco hijos, no tenía tiempo para ayudarlo a entender cómo desenvolverse en la burocracia de la educación secundaria, de la que nunca había sido parte.

En todos mis años de formación, fue al cursar el Programa del Diploma cuando aprendí a pensar como académico; es decir, a estudiar detenidamente mis ideas y las de los demás, y a desarrollar análisis y proyectos valiosos y eficaces para crear un mundo mejor. El Programa del Diploma me abrió las puertas de las universidades de Duke, Harvard y Standford para cursar estudios de grado y posgrado. También me dio la oportunidad de ser profesor y coordinador del IB y, por último, de convertirme en fundador y director de una organización nacional sin fines de lucro denominada Equal Opportunity Schools (EOS).

En cambio, mi mejor amigo ha pasado las últimas dos décadas tratando de recuperar lo que se perdió en ese momento crítico en nuestras vidas, cuando terminamos emprendiendo diferentes caminos en nuestra educación sin una razón válida. En EOS, nuestro trabajo es asegurarnos de que a ningún alumno se le prive de las clases que necesita y merece, especialmente cuando están tan cerca.

¿Cómo ha llegado hasta donde se encuentra actualmente? 

Como profesor y coordinador del IB, tuve un alumno que me recordaba a mi mejor amigo que no tuvo la oportunidad de cursar el Programa del Diploma del IB. Era capaz y demostraba entusiasmo, pero no se le valoraba lo suficiente. Cuando modificamos la distribución horaria de sus clases y logró un buen desempeño en el Programa del Diploma completo, pensé que debíamos buscar la forma de no dejar de lado a ningún alumno, especialmente a los alumnos talentosos de bajos ingresos y de color que no eran incluidos en nuestro programa del IB de manera equitativa.

Los alumnos estaban preparados; solo necesitaban que les dieran las mismas oportunidades para lograr un buen rendimiento en los niveles superiores. Fue así como inicié este programa para investigar las brechas en las oportunidades de acceso en todo el país.

Cuando logramos cerrar las brechas en el acceso a los programas del IB en ese colegio, observamos que las calificaciones de los exámenes del IB mejoraron muchísimo. Los alumnos estaban preparados; solo necesitaban que les dieran las mismas oportunidades para lograr un buen rendimiento en los niveles superiores. Fue así como inicié este programa para investigar las brechas de acceso en todo el país. Descubrí que los colegios de secundaria con mayor diversidad y programas académicos avanzados estaban desatendiendo a unos cien “alumnos ausentes” por año. Con la ayuda económica del Standford Business School, creamos Equal Opportunity Schools, que desde entonces ha logrado que casi 50.000 “alumnos ausentes” tengan la oportunidad de realizar cursos avanzados de educación secundaria.

¿Cuál de sus profesores del IB fue el más inspirador?

Guardo vivos recuerdos de Del Dolliver, mi profesor de Psicología y Teoría del Conocimiento (TdC) del IB, cuando llenaba a toda velocidad pizarras enteras con las ideas de los alumnos para no interrumpir la conversación e iba borrando palabras con la mano a medida que los alumnos explicaban sus razonamientos. A continuación, hacía una pausa y se llevaba la mano a la sien (donde dejaba rastros de marcador) mientras reflexionaba sobre alguna idea interesante propuesta por un alumno. Así nos mostraba que las ideas importaban, que nuestras ideas importaban y que valía la pena dedicarles un gran esfuerzo y reflexionar a fondo sobre ellas para estudiarlas y desarrollarlas, en lugar de emplear las técnicas de memorización que eran habituales en otras asignaturas.

Entendimos que las ideas importaban, que nuestras ideas importaban y que valía la pena dedicarles un gran esfuerzo.

Esta experiencia me inspiró para dedicar mucho tiempo y esfuerzo a desarrollar ideas. Tal fue el caso de mi monografía, que se convirtió en un libro breve sobre la industria frigorífica; mi tesis de grado en la universidad, que refutaba el argumento de que los jóvenes de hoy en día son apáticos y desinteresados, y la idea de crear una organización sin fines de lucro para ayudar a los colegios a cerrar las brechas de acceso por motivos de raza e ingresos a programas como el PD.