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Artículo especial – Entrevista a Julie Payette

La primera ex alumna del IB en visitar el espacio, Julie Payette, regresó a la Tierra en agosto de 2009, tras su segunda aventura espacial, misión en la que debutó como ingeniera jefe de la Estación Espacial Internacional. Julie cursó el Programa del Diploma del IB en el United World College (UWC) of the Atlantic, en Gales (Reino Unido), aunque ahora vive en Tejas. La astronauta ha querido compartir sus inolvidables vivencias con IB World.

Julie Payette

¿Qué tal se siente tras volver a poner los pies en la Tierra?

Muy bien, aunque necesitas unos días para ajustarte a la gravedad. Salir al espacio supone un cambio total para el cuerpo humano.


¿Cuáles son los principales efectos?

El sistema vestibular, que aquí usamos para tener una referencia del equilibrio, no funciona en el espacio, así que al volver a la Tierra es imposible saber cuál es el plano vertical. Por tanto, dependes casi totalmente de la vista para orientarte, y aun así vas chocando con todo. ¡Siempre les digo a todos que no me toquen nada más aterrizar, pero lo primero que hacen es abrazarme!


¿Cómo valora esta segunda experiencia espacial en comparación con la primera misión?

En esta ocasión viajé como ingeniera jefe, por lo que tuve una visión fantástica del conjunto de la cabina y también del espacio, a través de las ventanas. En la primera misión quedé muy impactada por el vuelo en la lanzadera, por la fuerza brutal que sientes al subir, el ruido... es impresionante. Sin embargo, me gustó mucho más la experiencia desde la cabina. ¡Las vistas son increíbles! Aceleras a 25 veces la velocidad del sonido: en un abrir y cerrar de ojos el cielo desaparece, nada más cruzar la capa de la atmósfera que da precisamente el color azul al cielo, y de repente todo queda a oscuras. El espacio es pura oscuridad.

Allí arriba tomé 8.000 fotografías. ¡Gracias a Dios que se inventó la fotografía digital! Creo que esta vez también logré fotografiar el Atlantic College. No es difícil encontrar el canal de Bristol y, desde allí, reseguir la costa de Gales. Dábamos una vuelta al planeta cada hora y media, 55 minutos de día orbital y 35 minutos de noche orbital, pero incluso a oscuras puedes ver muchas cosas. Vimos ciudades y costas, así como la aurora austral y la aurora boreal, que casi nadie ha podido contemplar jamás desde el espacio.


Y seguro que también tuvieron tiempo para trabajar duro...

La misión tenía una gran complejidad, y en un terreno de por sí tan complejo como el de las misiones espaciales, eso es mucho decir. Realizamos cinco paseos espaciales y utilizamos tres brazos robóticos diferentes. Tuvimos que trabajar intensamente y con mucha concentración, aunque también vivimos momentos inolvidables cada vez que fijábamos la vista en la Tierra. Creo que esto te ayuda a valorar más el planeta y a respetarlo. Contemplarlo desde esa perspectiva es un gran privilegio. Una de las cosas más curiosas es que no se aprecia frontera alguna. Son muy pocas las barreras creadas por el hombre que pueden verse desde el espacio, y creo que esto es una lección que debemos aprender: vivimos en un mismo mundo. Todos lo compartimos, y su supervivencia depende de nosotros, de todos.


¿Qué recuerda de sus años en el IB?

Creo que fui una privilegiada, ya que me fui de Canadá con 16 años, porque tenía ganas de ver mundo, y vivir en un país nuevo para mí fue la mejor forma de empezar. En aquel entonces, el IB no tenía la fama que tiene hoy, pero gracias a su estructura y su transversalidad, el estudiante no se especializaba en solo una o dos materias. Además, también nos enseñaba a organizarnos. Y estos aprendizajes me han resultado extremadamente útiles.


¿Quería ser astronauta ya entonces?

De hecho ya quería serlo a los nueve años, pero tampoco le daba mucha importancia. De pequeña me marcó profundamente el viaje del Apolo 13 a la Luna. ¡Tenía tantas ganas de ser como ellos! En aquel momento no había ningún astronauta canadiense. Tuvimos que esperar hasta 1984, cuando yo iba a la universidad. Pero que una cosa no sea posible hoy no significa que sea imposible mañana. Hay que persistir, porque de lo contrario lo único seguro es que no alcanzarás tus objetivos. Al tomar mis decisiones profesionales siempre lo he hecho en función de mis intereses, y eso es lo que yo recomiendo cuando alguien me pregunta cómo puede llegar a ser astronauta. Y un buen día la oportunidad acabó llegando. Tenía 28 años y la Agencia Espacial Canadiense organizó una campaña para encontrar candidatos. De entre 5.300 aspirantes, solo escogieron a cuatro.


¿Qué tiene que hacer en su trabajo cuando no está en el espacio?

Cada misión espacial se planifica y se ejecuta en la Tierra. También asistimos en las misiones en las que no viajamos, como hacen otros astronautas cuando nosotros estamos en el espacio. Siempre trabajamos con la mente puesta en el espacio. Es un trabajo muy exigente: hay que rendir al máximo y demostrar tu capacidad día tras día.


¿Se parecen los viajes al espacio a la imagen que reflejan las películas?

Apollo 13 es una buena película, ya que tiene partes muy inspiradas en la realidad. En cambio, hay otras que pertenecen al mundo de la ficción, como Space Cowboys o Armageddon. No tienen nada que ver con nuestro trabajo.


¿El hecho de ser astronauta ha influido en su percepción sobre una posible vida extraterrestre?

No ha cambiado mi punto de vista, más bien lo ha completado. Sabemos que no estamos solos: en el universo hay billones de objetos, y nosotros no podemos ser tan especiales. Resulta ridículo pensar que somos la única forma de vida que ha existido, o que existirá, en 11.000 millones de años, igual que resulta pretencioso creer que, de existir otras formas de vida inteligente, vendrían a visitar el tercer planeta de un sistema solar minúsculo e insignificante. Y todavía sería más extraño que aparecieran justo delante de un par de tipos en un bosque cualquiera.


¿Pero no ha tenido nunca la tentación de buscar alienígenas allí fuera?

Nunca he tenido la esperanza de ver ninguno. Sería muy extraño que mi tripulación los viera y que nadie más pudiera hacerlo. Estadísticamente es poco probable, aunque no imposible... ¡Tengo muchas más posibilidades de que me caiga un rayo encima! De hecho, me ocurrió precisamente durante un vuelo en avión...