Construir un mundo mejor
En una charla con Crispin Andrews, Carlos Alberto Torres explica que la educación puede ayudar a construir una sociedad más justa.
Nacido en Argentina, Carlos Alberto Torres es un sociólogo político y un teórico de la educación global. Es catedrático de ciencias sociales y educación comparada, y director del Latin American Center de la Universidad de California en Los Ángeles, Estados Unidos. Además, ha sido profesor visitante en universidades de Argentina, Brasil, Canadá, Costa Rica, México, Portugal, Taiwán, Corea del Sur y Suecia. En las últimas dos décadas ha dado clases por toda Latinoamérica y Estados Unidos –donde también ha participado en una amplia gama de proyectos de investigación educativa– y en universidades del Reino Unido, Finlandia, Japón, Tanzania, Mozambique y Sudáfrica. Carlos Alberto Torres ha escrito 40 libros y más de 150 artículos de investigación, y colaborado con publicaciones académicas y enciclopedias en varios idiomas. Es director fundador del Instituto Paulo Freire de San Pablo, Brasil. En esta entrevista para IB World, describe su teoría del internacionalismo y por qué cree que hoy en día la mentalidad internacional es más importante que nunca.
¿Cómo definiría usted la dimensión internacional de la educación?
Mi teoría difiere de las definiciones tradicionales. Sí, los colegios deben tratar de mostrar a los alumnos las diferentes maneras en las que se puede percibir el mundo y las culturas que engloba, pero debe hacerse de manera que refleje la realidad del mundo en que vivimos. La dimensión internacional debe ayudar a los jóvenes a entender los cambios de la economía política global, y cómo estos cambios afectan a nuestras vidas. La educación debe reconocer las realidades de la emigración económica a gran escala, que está creando unas sociedades más multiculturales en toda Europa y en Estados Unidos, y también en países que hasta hace poco eran culturalmente más homogéneos, como Corea del Sur. Finalmente, la dimensión internacional debe reconocer que en algunos lugares la dinámica del capitalismo socava los derechos básicos de mucha gente, incluido el derecho de los niños a ser educados.
¿Cómo se benefician los alumnos de experiencias educativas con una dimensión internacional?
Hay muchos beneficios, pero uno de los más importantes es la oportunidad de aprender otros idiomas. No me puedo imaginar una dimensión internacional donde los alumnos no entren en contacto con diferentes idiomas. Aparte del obvio valor comunicativo, el aprendizaje de idiomas es instrumental para entender la cultura que rodea a una lengua, pues permite aprender de intercambios con gente de otras culturas y países. En segundo lugar, con la creciente globalización de la economía política, una educación con una marcada dimensión internacional ayudará a los alumnos a entender mejor el proceso que tendrán que seguir si deciden vivir en diferentes partes del mundo.
Por encima de todo, un alumno cuyo aprendizaje comprenda un importante elemento internacional, aprenderá a reflexionar sobre sí mismo, su cultura y el mundo de manera más amplia y equilibrada. Uno de los preceptos de la Grecia clásica era que, a través de los viajes, una persona acumula un entendimiento filosófico más profundo del comportamiento de los seres humanos y sus razones. Si sólo te preocupas por tu identidad, tu entorno más cercano y la comunidad en la que vives, perderás la gran oportunidad de apreciar el resto del mundo.
¿Cuáles serán las consecuencias para individuos y sociedades si los sistemas educativos no incluyen una dimensión internacional?
La gente que crece con una experiencia educativa restrictiva puede tender a desarrollar puntos de vista que excluyen a otras culturas. Los alumnos corren el riesgo
de desarrollar perspectivas extremadamente deterministas y principios que son más divisorios que constructivos. También me preocupa que lleguemos a depender demasiado de la tecnología y los medios de comunicación para nuestro entendimiento del mundo. Sí, la tecnología nos permite comunicar con gente de todo el mundo, pero ser parte de un grupo virtual puede dar una falsa sensación de comunidad, puesto que todavía estás sentado en tu oficina, colegio o casa rodeado de todas tus pertenencias, en tu ciudad y en tu país. Al viajar a otros lugares uno puede participar en otra cultura, interactuar con las personas y llegar a conocer sus creencias, costrumbres e ideas de primera mano.
¿Qué debería servir de base para un colegio a la hora de determinar su filosofía de la mentalidad internacional: las necesidades de la sociedad, del individuo o ambas por igual?
La idea de los derechos humanos es la constante fundamental que debería formar parte esencial de cualquier sistema de aprendizaje. Las tradiciones educativas existen para expandir los horizontes intelectuales y para concentrarse en las dimensiones cognitivas y morales de la vida, lo cual sólo podrá conseguirse mediante el entendimiento de la importancia de los derechos humanos a nivel social e individual: ¿cómo pueden y deben protegerse?, y ¿por qué a veces se ven socavados o desdeñados?
¿Considera que el IB está consiguiendo su objetivo de desarrollar una mentalidad internacional?
Sí, estoy impresionado con su trabajo. El Bachillerato Internacional está desarrollando un modelo muy prometedor. Sin embargo, yo recomendaría tomar en consideración las ideas desarrolladas por el teórico educativo brasileño Paulo Freire [autor de Pedagogía del oprimido], sobre pedagogía crítica y la manera en que la toma de conciencia facilita el entendimiento.
¿Qué deben hacer los directores de colegios para ayudar al desarrollo de una dimensión internacional?
A pesar de que tienen que preocuparse de todo tipo de problemas prácticos e inmediatos, también deberían asegurarse de tener tiempo para reflexionar y analizar qué quieren que represente su colegio y qué deberían ser capaces de conseguir sus alumnos. Si los líderes profundizan en el análisis del mundo en el que operan, serán más capaces de inspirar a sus alumnos. Yo les recomendaría viajar, pero no como turistas, sino como humanistas de mentalidad inquisitiva. Esta curiosidad puede transmitirse tanto a profesores como alumnos.
¿Se necesita un sentido claro de la identidad nacional para desarrollar una mentalidad internacional?
Siempre he creído que una verdadera educación internacional podrá ayudar a construir un mundo mejor, pero a medida que he ido viajando por el mundo me di cuenta de que lo que la gente obtiene de sus fuentes culturales es igual de importante. En el Reino Unido las personas conducen autos alemanes, ven programas norteamericanos por televisión y comen comida hindú, y aún así se sienten muy británicos. Claro que debemos mirar al exterior y tratar de generar un entendimiento global, pero al mismo tiempo debemos inspirarnos en nuestra propia realidad y partir de la base de lo que somos para tratar de mejorar.
¿Pueden los colegios superar los obstáculos que imponen las clases sociales, la pobreza y el idioma, para asegurar la existencia de un sistema educativo inclusivo?
Son los cambios en la economía política global los que determinarán las características de las sociedades del futuro. La educación puede contribuir a este proceso, y para asegurar que su aporte sea positivo debemos presentar el mundo tal y como es: cínico, desigual e injusto, a la vez que nutrido de cultura, moralidad y amor.
El IB y el mundo
George Walker, ex director general del Bachillerato Internacional, opina sobre cómo puede el IB inspirar un enfoque internacional en la educación.
Prefiero el término mentalidad global que mentalidad internacional. El concepto de un mundo internacional pertenece al siglo XX, cuando las cosas ocurrían en lugares distantes y los colegios –utilizando la expresión de Alec Peterson– estaban separados por fronteras. En el siglo XXI, esas fronteras han desaparecido en gran manera debido a la comunicación electrónica y a la facilidad de viajar. Hoy en día, el mundo comienza a la puerta de tu casa, un mundo donde el costo de una casa se ve afectado por el costo de la mano de obra en China, el volumen de manufacturas de la India modifica la meteorología en Florida y la emigración masiva altera nuestra identidad nacional.
Atrás queda la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría que vio nacer el Bachillerato Internacional. De ahí que el próximo reto para el IB es asegurar que sus programas ayuden a los alumnos a desarrollar una mentalidad global.
Tres consecuencias de la globalización plantearán auténticos desafíos a los colegios del siglo XXI, y el IB ya está respondiendo a cada uno de ellos. El primero es la diversidad. Trabajar o vivir con alguien de una cultura diferente es hoy en día muy común debido a la creciente emigración. Cada aspecto del IB –sus programas, evaluación, órganos de gobierno y administración– ayuda a los alumnos a aprender de diferentes partes del mundo.
El segundo desafío es la complejidad. Más información, nuevas formas de información, diferentes perspectivas culturales y un mayor sentido de la capacidad de decidir y actuar del individuo hacen que el mundo de hoy parezca más complejo. Los tres programas del IB fomentan en los alumnos el desarrollo de habilidades de pensamiento crítico y les ayudan a reconocer que los ciudadanos globales del futuro tendrán que vivir con más ambigüedad y ser menos propensos a buscar soluciones rápidas.
El tercer desafío es la desigualdad. La globalización crea ganadores y perdedores, y los ganadores no podrán ignorar las necesidades de los perdedores si queremos vivir en paz. Los tres programas del IB comparten valores comunes descritos en el perfil de la comunidad de aprendizaje. Estos valores alientan a combinar (tal y como dijo Thomas Friedman) una mentalidad de negocio con una ética social. Un duradero conjunto de valores éticos será el mejor legado del IB al ciudadano global del siglo XXI, que deberá ser capaz de “entender que otras personas, con su diferencias, también pueden estar en lo cierto”
