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Experiencia IB

Un taller en cada puerto: semblanza de mi experiencia de los talleres del IB

 

Por Guillermo D. Rodríguez, Director Académico del St. Andrew’s Scots School de Argentina y líder del Programa del Diploma

Mi primer taller se llevó a cabo en Asunción del Paraguay en 1995. Desde entonces, he tenido el privilegio de dirigir talleres vinculados a casi toda mi experiencia profesional.

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El que más recuerdo es el que dirigí en Salinas, Ecuador, en febrero de 1997. Me viene a la memoria por muchas razones, pero al menos cuatro son de interés. En primer lugar, el contexto político: fueron los días de la caída de Abdalá Bucaram, presidente de aquel país, con lo cual el taller se desarrolló a pesar de la huelga general, la toma de carreteras (llegamos a Salinas removiendo piedras del camino) y el cierre temporario de todos los aeropuertos del país. La segunda razón, tangencialmente conectada con la primera, es que, a diferencia de lo acostumbrado, el taller no se desarrolló en un colegio, sino en la base naval que la marina ecuatoriana tiene en esa ciudad. Las últimas dos razones constituyen dos de las anécdotas más graciosas que me han dejado estos talleres. Una de ellas fue la presentación enfática que el gran amigo Lucho García hizo del director regional al inaugurar los talleres en la base naval, cuando éste había perdido el ómnibus y se hallaba aún en el hotel.

Me parece que la otra anécdota fue más graciosa aun: una de las asistentes al taller me había pedido una copia de los exámenes orales que habíamos analizado durante el taller. Me proveyó para ello de un cassette virgen. Me dirigí al conserje del hotel para pedirle un grabador de cassettes y me señaló uno que estaba debajo del mostrador de recepción. Coloqué los dos cassettes para llevar a cabo la copia y le dije que volvería en media hora cuando hubiera acabado la grabación. Cuando llegué a mi habitación, una voz como de ultratumba y envolvente decía algo así como “… porque en esta obra de García Lorca el recurso predominante es la sinécdoque…” ¡Había colocado los cassettes en el reproductor que se usaba para el servicio de música funcional del hotel, con lo cual todos los huéspedes estaban escuchando el examen oral!

Recuerdo con mucha alegría el compañerismo transnacional espontáneo de los grupos de líderes de talleres en hoteles, aeropuertos, colegios y aduanas. El espíritu de camaradería, de aprendizaje mutuo y de alegría en el encuentro con los otros ha perdurado y, creo, se ha afirmado con el tiempo.

Dirigir un taller de IB: ¡una experiencia que crispa los nervios!

 

Por Iain Anderson, tallerista del Programa del Diploma

 

La verdad es que no puedo recordar el año ni el lugar del primer taller que dirigí. El motivo de esto puede ser un Alzheimer incipiente o la necesidad de olvidar los años que tengo encima, pero así es.

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De lo que sí estoy seguro es que en esa oportunidad debo haber sentido el mismo nerviosismo que tuve en el último que dirigí en México este año. Porque los talleres son experiencias que crispan los nervios… ¿Cuento con todo el material que necesito, tengo demasiado, funcionará todo, etc.? Tampoco ha cambiado esa gran sensación de satisfacción que todos los líderes experimentamos al sentirnos una parte útil de la familia IB y relacionarnos con los colegas de otros colegios y países. Todo docente sabe que un aula puede ser un lugar muy solitario, aún cuando esté repleto de alumnos. Los talleres, por el contrario, tienen la maravillosa cualidad de facilitarnos la experiencia de compartir.

Por supuesto que las cosas pueden salir mal y de hecho a veces eso es lo que sucede. En el transcurso de los años he quedado varado en Lima, me han confiscado un encendedor Zippo en el aeropuerto de Costa Rica (donde también caí rodando por la ladera de una montaña y me arruiné la rodilla), he degustado demasiadas bebidas locales en varios lugares, y otras cosas más. Pero todas ellas han sucedido fuera del taller mismo. Dentro de los talleres, sólo he conocido la gentileza de los concurrentes y la generosidad y amable asistencia de los organizadores.

IB ha crecido enormemente a lo largo de los años en que he pertenecido a la organización. La tecnología ha desempeñado un papel excepcional en el proceso y a veces podemos sentir que no obstante su utilidad, algo del contacto humano se puede estar perdiendo. Pero no se preocupen, mientras existan los talleres habrá contacto, habrá intercambio. Los talleres ocupan un lugar cercano, muy cercano al corazón del IB.